Actualmente estamos familiarizados con el Letterpress o Caligrafía, un método muy utilizado en el diseño gráfico y quienes lo utilizan cuentan con múltiples herramientas a su disposición, incluyendo medios digitales para preservar su trabajo. Hace cientos de años no era posible. La tecnología para preservarla no fue creada hasta alrededor de 1440, cuando la invención del tipo móvil en la imprenta cambió para siempre la forma en que se publicaban los textos. A partir de este evento, en lugar de letras a mano, los textos comenzaron a imprimirse para consumo generalizado. Los libros impresos se afianzaron en el siglo XVI y los profesionales de la caligrafía querían asegurarse de que sus habilidades no fueran olvidadas.

Georg Bocskay, secretario de Fernando I del Sacro Imperio Romano Germánico, fue uno de esos escribas que quería preservar su legado. Entre 1561 y 1562, creó el Libro de modelos de caligrafía (Mira Calligraphiae Monumenta) para registrar todos los tipos de escritura que conocía. Treinta años después, el nieto de Fernando I, el emperador Rodolfo II, decidió dejar su propia marca en el manual al comisionar al ilustrador húngaro-flamenco Joris Hoefnagel para que interviniera sus páginas.

Hoefnagel añadió dibujos de flora y fauna que realzaron el trabajo original de Bocskay y, gracias al Museo Getty, es posible consultar el Libro de modelos de caligrafía y observar en detalle el trabajo de ambos hombres. Hoefnagel integró delicadas ilustraciones y agregó una sección sobre la creación de las letras del alfabeto en mayúsculas y minúsculas afianzando la misión original del libro.