Aunque ahora, con Internet y Whatsapp, felicitar con postales y tarjetas de Navidad está en desuso, antes se enviaban a los seres queridos y su uso era masivo.

El origen es bastante curioso y parte del Londres de 1843: Un funcionario llamado Henry Cole tenía muchos amigos y le daba pereza tener que escribir tantas felicitaciones, entonces pensó que se podría hacer de otra manera. Así le dijo a un pintor amigo suyo, John Calcott Horsley, y le pidió que ilustrara un retrato suyo con una escena de Navidad. En la misma escena aparecían también las palabras “Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo”, que es lo que tradicionalmente se suele felicitar durante estas fechas. Luego el propio Cole las firmaría y las enviaría a sus allegados.

Una copia de esta primera tarjeta navideña se exhibe en el Museo Charles Dickens de Londres, en la muestra Beautiful Books: Dickens and the Business of Christmas

Se imprimieron unas 1.000 tarjetas y aquellas que Cole no envió, las vendió. Aparecía así una novedad: El nacimiento de las tarjetas y postales navideñas que se podían imprimir y enviar, y también comprar.

El grabado y dibujo fue criticado en aquella época porque se veía a una familia que brindaba por la Navidad y los más puritanos de la época dijeron que esta escena fomentaba la bebida.

De todas formas, desde 1862 las tarjetas navideñas siguieron imprimiéndose porque este hecho fue todo un hallazgo con destacado éxito. Luego, en el año 1893, la Reina Victoria encargó 1.000 tarjetas a una imprenta británica y fue el momento en que se autorizó este uso de parte de la realeza.

Como curiosidad cabe destacar que en 2005, una de las tarjetas originales de Horsley fue vendida por casi 9.000 libras.